23 enero, 2007

LOQUILLO Y SABINO

Empecemos por el final. Loquillo, sin mediar palabra salió al escenario tras el debido 'bis' abrazado a su eterna historia de amor y odio: Sabino. "¡Rock suave!", gritó el Loco, y la máquina del tiempo empezó a funcionar. Fue la primera de las cinco canciones que la pareja, con el incombustible Simón Ramírez marcando el ritmo con el bajo, interpretó conjuntamente.
Era lo que todos los que abarrotaban la madrileña Sala Sol en este ciclo de conciertos nostálgicos de la Movida esperaban. Cayeron Rock suave, El rompeolas, Rock and roll star, El cadillac solitario y...En las calles de Madrid. Ésta última con los dos protagonistas solos en el escenario acompañados de una guitarra acústica

Apenas una hora y tres cuartos antes el Loco se plantaba en el escenario y daba gracias a Madrid por ser el primer sitio en apreciar su trabajo y por ser la ciudad de Jaime Urrutia (¡presente!), Luis Alberto de Cuenca y Balmoral (mítica coctelería madrileña cerrada en 2006).El concierto de Loquillo y sus Trogloditas hechó raíces, como siempre, en la actitud. El rockero con alma de cantautor y maneras de crooner derrochó chulería para defender una lista de canciones no siempre regular, y supo manejar el ambiente recurriendo a clásicos como Pégate a mí o Todo el mundo ama a Isabel. En la lista entraron también otros temas esperados por el público como 'Cuando pienso en los viejos amigos' (con letra de Luis Alberto de Cuenca), Las chicas del Roxy, Feo, fuerte y formal, La edad de oro, Arte y ensayo o Voy de negro.

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