08 junio, 2008

CASUALIDADES

Hay veces que Madrid me huele a pueblecito interior. El otro día paseaba por las calles de la capital de la mano de mi novia mientras escuchábamos a una madre gritar a su hijo desde el balcón para que subiese a cenar. Pasamos por una zona de bares donde olía a fritanga y donde unos abuelos se sentaban en unas sillas a la puerta de los locales.
Me parece mentira que en una ciudad tan grande, con tantos millones de habitantes, nos cruzásemos primero con David (manager de Luis Ramiro) y con Miguel Dantart. Uno se iba a casa a descansar después de un duro día de trabajo y el pelirrojo estaba a punto de entrar a uno de los cines de la Plaza de los Cubos.
Un poco más tarde nos encontramos con mi compañera Arancha, de Radio SOL XXI, a punto de entrar a un concierto. Y unos minutos después, en plena Gran Vía nos cruzamos con Moncho Otero, María y Belén (a Javier Rodríguez del Barrio no le vimos, pero seguramente estuviera por allí) que salían de ver "Espinete no existe", una obra de teatro escrita y protagonizada por Eduardo Aldán, que parece ser que es muy divertida.
Hay veces que Madrid me huele a pueblecito interior.

2 comentarios:

txilibrin dijo...

¡Qué bueno! El mundo es un pañuelooo. jajaja.

La obra de Espinete no existe está muy bien, la verdad. Te ríes mucho. Peeero el chico habla muuuy rápido a veces, te tienes que hacer con su velocidad, jajaja

Besazossss

ilsa dijo...

Sí es cierto que hay días en los que parece que tengas que ir con los ojos bien abiertos. Una tarde, después de ver recitar de viva voz a Sabina y García Montero (ahí es ná) unos precisos poemas, me topé en Callao con Tarque, y sólo unos minutos más tarde un cruce, literal, de caminos con Xoel López. Como para meter a los cuatro en una cocktelera... ¿qué saldría?

Y sí, esa es la cara buena de Madrid, la magia y la sonrisa de este pueblecito.