LABORDETA HABLA DE MERCEDES SOSA


Desde siempre la voz de Mercedes nos sonó a libertad, cantase lo que cantase, su poderío saltaba por encima de represiones y dictaduras y nos llenaba de ese aire que sólo la canción comprometida pone en el mundo.

No la oíamos como se oye a un cantante. Ella, como la Parra, ponía en su boca el estremecimiento de su emoción y eso sólo lo han conseguido los que saltaron a la escena no para mostrar la bella voz que tenían, sino para denunciar la injusticia, la ruptura de la libertad.

Con ella, con Mercedes, crecimos estremecidos por esa estructura vocal que pocas veces se da en el mundo de la interpretación. Su emoción era la emoción de Mahalia Jackson o de la Piaf o de la Joplin. Pero ella tuvo que romper los moldes de países apresados bajo las dictaduras. Un día tuve el honor de cantar junto a ella para denunciar la brutalidad de la dictadura argentina. Guardo un pañuelito que me regaló dedicado y que hoy, rebuscando entre mis incontrolables cajones, ha aparecido para repetir con ella todas sus hermosas canciones.
vía elpais.com

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1 Comentarios

Anónimo ha dicho que…
VIOLETAS PARA MERCEDES

Se nos murió la gran dama,
Negra Sosa, pacha mama
de Corrientes,
que bordó puntos y comas
en las prisas del idioma
de la gente.

Martina Fierro de ley
que sin dios, patria ni rey
tiró p’alante,
antes de decir adiós
me propuso un blues a dos
voces distantes,

distintas, y, sin embargo,
cerquita del ron amargo
que consuela,
que abruma, que mortifica,
que suma, que santifica,
que desvela.

Cuando rompió la baraja,
hizo del bombo su caja
de Pandora,
entre el mestizo y el yanqui
se quedaba con Yupanqui
hasta la aurora.

Todos menos uno, dijo,
provocando el acertijo
de Cosquín,
militante del futuro,
no pudo con ella el muro
de Berlín.

Canto ancestral de Argentina,
la más frutal de las minas,
todo es nada,
no sabe cómo la lloro,
desafinando en el coro
de las hadas.

Madrina de los roqueros
más intrusos, más villeros,
menos brutos;
en calle melancolía
mi letra y su melodía
visten de luto.

Más de una vez la besé
pero nunca olvidaré
la noche aquella:
aquel piano y su voz
y mi sonanta y la coz
de las estrellas.

Me aterran las despedidas
pero gracias a la vida
de Violeta,
Mercedes inventó el son
que duerme en el corazón
de los poetas

Joaquín Sabina