Carbonell es Brassens y Labordeta,
es un maño argentino afrancesado,
siempre lleva una jota en la maleta,
no ha sabido jamás estar parado.

Cantó en Libertad Ocho el otro día,
-no he visto un sesentón con tantas ganas-
tocaba la guitarra y parecía,
un crooner en vez de un cantamañanas.

Ha escrito un mamotreto de Sabina,
secuestró a "Mon amour" de alguna esquina,
me nombró su biógrafo oficial.

Sudó como Camacho la camisa,
le contagió al público su sonrisa,
juro que no exagero, fue tal cual.